¡Oh pequeños seres necesitados! salid de las tinieblas de la melancolía por tu propia pequeñez y caminad hacia la grandeza de la mano de la nada! Abandonad ese lugar en que se enjaularon, entre las cincuenta sombras del mercadeo y los miles de terrores que les causa el rechazo, sin venderle sus almas y sus sueldos a la moda, y a ese museo de objetos innecesarios y decorativos que les alimentan el ego haciéndoles creer que son «alguien». Alguien son; pendejos, sin duda.

Un pendejo que se siente feliz pasando el fin de semana en el centro comercial, comprando ropa, gadgets, televisores, computadores y celulares, bolsos, zapatos, accesorios para la piel, accesorios para la ropa, accesorios para el carro, accesorios para el celular, ¡accesorios para todo! que harán de tu vida un repositorio desordenado de apéndices, anexos inútiles o desechables hasta que el próximo mes salga uno «mejor» al mercado, eso sí, con nuevos accesorios.

Tu vida es accesoria, un utensilio auxiliar para la tóxica economía de mercado actual. Sal ya de los centros comerciales, de las páginas de moda, de las cuentas de instagram de fashion bloggers, sal de las tiendas en las que permaneces y mira la luz de la naturaleza; no te va a a dañar los ojos, te lo aseguro. Observa aquella blusa que no está vieja y que aún te sirve y que te grita que no necesitas otra. Observa lo que compras, lo que consumes y la gran cantidad de basura que andas esparciendo por el mundo. ¡Obsérvala! ¿Es necesaria? ¿Tu casa parece una acumulación de objetos que te hace sentir bien porque «tienes» de todo en tu vida? ¿Cuántos manteles, jarrones, vajillas, ollas, electrodomésticos, portátiles, tablets, celulares, jeans, tenis, bolsos y tacones necesitas?

Deberías ponértelo todo encima, sacarlo de los closets abarrotados y ponerlo todo frente a ti. ¿Te sientes grande cargando tanto peso? ¿Te sientes feliz comprando cada semana sin cesar para llenar armarios que te dan seguridad? Si todas esas horas en el centro comercial las invirtieras en leer un libro, en hacer algo que te apasiona en tu tiempo libre, en desarrollar un talento, ¿en dónde estarías ahora?

¡Oh comprador de pendejadas! si no te importa que te muestren imágenes de la pobreza extrema, o verla en los semáforos mientras vas al centro comercial el fin de semana, al menos observa tu compulsión pendeja, que te deja lleno de deudas, de «tarjetazos» y de preocupaciones. Triste vida que estás alimentando como un hamster; dando vueltas a la misma rueda.

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