Demasiada Felicidad

Demasiada Felicidad

Demasiada FelicidadBien, me retaron a leer un libro por semana durante las 52 semanas del año y mi contrincante no cree que lo pueda lograr debido a mis múltiples trabajos y ocupaciones. A pesar de que sabe que amo leer, mi vida y mi tiempo se divide entre muchas cosas. No tengo hijos pero tengo las horas llenas de pacientes en dos instituciones y otros que acuden a la consulta particular. Además, tengo un proyecto de escritura de algo relacionado con la psicología que espero algún día consiga tener la dignidad suficiente para salir a la luz pública (o a la sombra, al menos) y por otra parte, necesito la pintura y el dibujo como actividades de sanación emocional porque esto de ser psicoterapeuta no es tan fácil como se creen. Así, que mi pareja apostó conmigo que no sería capaz de sostener una lectura constante durante un año entero de un libro por semana. Pues bien, yo tomé la apuesta a pesar de que sé que ahora estoy en vacaciones y probablemente durante junio y julio me sea más fácil pero luego me vaya a ver con complicaciones para lograrlo. Si gano, ha prometido pagarme (no voy a decir el monto, pero tampoco es tan abrumador). En realidad no lo hago por algo como el dinero o la competitividad de la apuesta, bien puede más bien con eso comprarme más libros, pero me gusta la idea de volver a concentrarme en actividades que realmente valen la pena en vez de seguir perdiendo el tiempo en redes sociales como Facebook en donde cada día, y con más asombro, descubro y a la vez soy víctima, de una gran cantidad de información superficial que circula sin sentido. Nada más esta mañana pasaba sobre anuncios tan ridículos como «Las 4 personas que no deberían comer jengibre», o el ya casi memorizado «Los 7 hábitos matutinos de la gente exitosa», o aquellos videos tan detestables que siempre tienen una frase catchy como «¡Su niño hizo popó y te vas a maravillar de cómo este padre reaccionó. No te imaginas lo que hizo!». Cuando veo estas cosas no puedo sino pensar que todos en realidad deberían asumir el reto de leer, de leer de verdad, de adentrarse en la atmósfera, estilos, historias, palabras, emociones y personajes de un escritor de verdad. Como también me veo víctima de las redes sociales por más tiempo del que quisiera, por qué no leer y ganarle la apuesta a mi marido.

Para sumarle dificultad al reto, decidí escribir algo, así sea un corto párrafo de lo que me suscita el autor y libro que acabo de finalizar. No pretendo ser crítica de la obra ni mucho menos pues no tengo esa formación y es una disciplina que respeto, pero sí quiero expresar algo de esas emociones que siempre me acompañan cuando termino un libro. Incluso me pasa a menudo que al terminar de leer dejo el libro a Demasiada Felicidad 2mi lado por un tiempo, como si me doliera separarme de él, siento que lo voy a echar de menos. Es como una nostalgia que podrá parecer estúpida, más es el fruto de un periodo de complicidad en el que entras con un buen libro. Es mágico.

De Alice Munro no me pude despegar durante esta semana. Fue como un imán y creo que sin frases catchy (como debe ser) me retuvo a su lado con la autenticidad de una buena relación de amigas. En Twitter dije: Alice Munro me seduce con una especie de autenticidad, economía de medios y fuerza evocativa que me parece que debe tener toda obra de arte. De nuevo, no tengo idea de la crítica de arte, pero si una obra no evoca, no convoca a una realidad, no explora, no sugiere, no persuade, no tienta, y si además no utiliza bien los medios de los que dispone es fácil perderse en la saturación de ideas sin sentido, de intentos malogrados de embellecimiento superfluo. No, Alice es suave pero franca. Concreta pero bien compuesta. Sus personajes, tanto femeninos como masculinos, son coherentes y reales. Ella no inunda su escrito queriendo aparecer en pequeñas diatribas innecesarias, ella desaparece y el relato se lo toma la vida. Así fluye entre el presente y el pasado, la ensoñación del futuro para volver a otro pasado y a otro presente. Así cambia y se desplaza entre una escena inicial a la que realmente constituye el centro del conflicto, pero sin descuidar las periferias del contexto, porque así es la vida. Las emociones se traducen en acciones, y son bien leídas, así como escritas con simpleza y claridad. Tiene la cadencia del agua, la simpleza de la tierra, la percepción elevada de un ave. Te hace su amiga, su cómplice, y puedes comprender igual a una pobre anciana, a un asesino, a una niña odiosa, que a una mujer que quiere ser libre y amada. Me leí su libro Demasiada Felicidad desde el primer relato hasta el último como en una seguidilla de canciones finamente elegidas y móviles. Pasó menos de una semana y el libro me hizo suya rápidamente para ahora acompañarme por un día más mientras el siguiente lo reemplaza, y yo continúo también con la vida y el reto por 52 semanas.

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: