El viejo y el mar. Una diáfana sensatez.

El viejo y el mar. Una diáfana sensatez.

Hablemos de un viejo. Se llama Santiago como mi amor, y como él es fuerte aunque no lo parezca y compasivo sin ninguna connotación cristiana que contamine esta sensibilidad. El viejo se enfrenta a la vida sin velos, sin carnadas. El viejo acepta su vida y su fracaso. El viejo es digno de una batalla, y de reconocer el valor de su contrincante, de respetar al pez que quiere cazar. Es persistente y calmo. El viejo Santiago es simple como puede ser su oficio de pescador, honesto como las aguas cristalinas del mar. Es el centro de una hermosa alegoría de la vida relatada con diáfana sensatez.

Ahora hablemos de Hemingway, un hombre con profundos sentimientos y agudeza para huir a toda ornamentación y cualquier adjetivo que no sea meramente objetivo. Un escritor que se desprende de los elementos estetizantes para ser un escritor desnudo. Como lo resalta una cita que encontré en el análisis de Maribel Cruzado, Hemingway creó su estilo personal, la “teoría del iceberg” o de la omisión y la describe él mismo así:

“Yo siempre trato de escribir siguiendo el principio del iceberg. Hay siete octavos del iceberg bajo el agua por cada parte que se muestra sobre la superficie. Cualquier cosa que uno sabe y puede eliminar, refuerza el iceberg. Lo que vale es lo que no se muestra”. 

Es probable que esta teoría no fuese solo literaria. Algo se trasluce en su misma vida y obra, de la inmensa profundidad que presiente bajo el agua y que se expresa en el instinto de vida, o en la elección de la muerte.

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: