(Impresiones sobre ‘Primera persona’, de Margarita García Robayo)

Leer Primera persona me pareció como tener una conversación honesta y bien variada con una amiga. A veces las ideas y voces de Margarita García Robayo se me asemejaban a las mías, a las de mi adolescencia o a las de mi adultez, y otras veces me daba una sorpresa con un punto de vista sagaz y realista sobre cualquier cosa. Y entonces, hacía una pausa como cuando tomás un trago de vino o café al hablar con alguien, repetís la esencia de esa idea en tu cabeza y luego continuás dispuesta a acompañar a tu interlocutora en esa experiencia narrativa.

El libro es una recopilación de textos autobiográficos escritos en diferentes años de su vida. Así que esto le da un carácter como de reflexión inacabada a cada texto. Esta sensación de mudanza de persona, de cambios y evolución de la autora me acompañó todo el tiempo de lectura. No solo porque Margarita nació en Cartagena y vive desde hace muchos años en Buenos Aires, o hable varias veces de sus mudanzas en el libro, sino porque aunque anduviera por el mundo con una forma fuerte, férrea y hasta feroz, la sentía ir mudando de piel a lo largo de la vida con toda la trajinada mezcla emocional que eso acarrea. Como si un animalito que se despoja de la piel cada tanto porque le toca, tuviera por hábito necesario de supervivencia, cuestionarse qué parte puede irse y qué no está dispuesto a mudar. Y se siente real y auténtica, una mujer plantada ante la vida sin querer dejarse arrastrar y ahogar por el oleaje social.

Se experimentan libertad y ataduras al leerla, cohesión y fisura, y cómo no admirar la forma de estilo que puede enamarañarlas o separarlas, traerla a colación juntas; tal como es la vida. Un transcurrir entre experiencias que saltan de la primera persona al plural de «nosotras». Margarita habla de la familia, de la relación con la madre y el padre, de las elecciones de pareja, de la iniciación sexual, de las mudanzas, de las presiones de la maternidad, y de la historia general de una vida.

Me encontré en sus palabras; por similitud o diferencia, pero en todo caso, interesada en el ser que elegía bien las palabras para hablarme de su primera persona.

Por Emma Sánchez

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